- Córdoba cuenta con uno de los archivos históricos más relevantes del país.
- El acervo abarca cinco kilómetros lineales de expedientes, registros notariales, censos, fotografías y planos de más de cuatro siglos.
- Por estos días se conmemora el 85° aniversario de la institución, que tiene como premisa promover, facilitar y democratizar el acceso a la información.
Tiene 450 años, consta de 60 folios y fue escrito apenas unos meses después de que Jerónimo Luis de Cabrera fundara la ciudad de Córdoba. Es el registro de la muerte de Blas de Rosales, un español que llegó con la expedición colonizadora y no volvió a ver Europa.
Hoy ese papel frágil, con una caligrafía que nadie practica, descansa en uno de los depósitos climatizados del Archivo Histórico de la Provincia de Córdoba (AHPC). Allí lo cuidan, conservan y ponen a disposición de investigadores, docentes y público en general.
En esencia, esto es lo que realiza el AHPC: una tarea silenciosa y cotidiana contra el tiempo, a cargo de un equipo de archivistas, conservadores y técnicos que este año celebran los 85 años de la institución fundada en 1941.
“Trabajar diariamente con documentos de más de cuatro siglos es un privilegio y una responsabilidad inmensa. Todo el equipo de profesionales del archivo está abocado a prolongar la vida de este material, preservándolo de cualquier riesgo que acelere su deterioro”, dijo la directora del AHPC, Gabriela Parra Garzón.

Qué guarda el archivo
El AHPC custodia casi cinco kilómetros de documentos. Si se colocaran uno detrás del otro todos los tomos, expedientes, registros notariales, censos, fotografías y planos que alberga el edificio de Nueva Córdoba, la fila se extendería hasta las inmediaciones del río Suquía donde Cabrera fundó la ciudad, a la altura de barrio Yapeyú.
Este volumen de información, que abarca un arco temporal que va desde 1574 hasta el siglo XXI, lo convierte en uno de los acervos más importantes del país. De ahí que, junto al Archivo General de la Nación, sea una de las instituciones más relevantes en su tipo de Argentina.
Entre los documentos que atesora, se cuentan el primer censo provincial, de 1776, donde muchos cordobeses pueden rastrear a sus ancestros; los decretos que registran la construcción de los grandes diques; las comunicaciones que Belgrano y San Martín enviaron al gobierno de Córdoba solicitando apoyo para la lucha por la independencia; los primeros 115 registros notariales provinciales con miles de índices que reconstruyen la historia legal y social de la región; y más de 300.000 imágenes fotográficas que datan de 1860.
“La historia revive constantemente con cada ciudadano que se acerca; recibimos investigadores de todo el mundo interesados en un patrimonio que ha sido reconocido por la UNESCO en su programa Memoria del Mundo para América Latina y el Caribe”, señaló Parra Garzón.
El patrimonio archivístico se aloja en seis depósitos diseñados para proteger el materia de las principales amenazas externas: la luz, la temperatura y la humedad. Cada sala tiene un sistema de climatización que mantiene todo el año niveles de entre 21 y 23 grados, con humedad ambiente debajo de 55%.
Como si se tratara de una bóveda que custodia objetos de gran valor, el ingreso a los depósitos está limitado a un puñado de personas, con control de acceso biométrico y monitoreo permanente de cámaras de seguridad.

Quiénes usan los archivos y para qué
Las consultas exceden el ámbito de los especialistas: estudiantes, organismos gubernamentales y judiciales, instituciones municipales, y público en general también se acercan a revisar las fuentes documentales.
Es el caso de Marcos Burgio, que llegó al AHPC por primera vez con un problema muy concreto: el título de una propiedad que su abuelo había comprado en 1923 estaba afectado por una presentación de planos incorrectos.
«En los planos históricos del archivo figura la propiedad que él tiene, sus vecinos colindantes en aquellos años. Coincide todo con lo que tiene mi abuelo en su escritura», relató Burgio.
A través de la consulta, con la asistencia del personal del organismo, este vecino del Valle de Calamuchita pudo encontrar la documentación para solucionar una controversia. En casos como este, el archivo es una herramienta para el ejercicio de derechos.
«Encontrar un juicio sucesorio donde está el acta de defunción del abuelo, del bisabuelo, provoca una satisfacción muy grande. La gente puede recurrir al acervo para ejercer sus derechos o para, aunque más no sea, disfrutar del patrimonio documental que es parte de nuestra identidad,» afirmó Parra Garzón.
En el otro extremo, está la investigación académica. Costanza González Navarro, docente de la UNC e investigadora del CONICET, indaga los orígenes coloniales de Córdoba. Usando los protocolos notariales del AHPC, busca reconstruir cómo la ciudad se vinculaba con Buenos Aires, Chile, el actual territorio boliviano y el virreinato del Perú.
«Es un privilegio contar con este archivo para un investigador que se dedica al período colonial. Las escrituras públicas están desde la fundación de la ciudad, desde 1574 en adelante. Son las más antiguas», señaló González Navarro.
Para la académica, estos documentos “son muy ricos y tienen información extensa que permiten hacer seguimientos a través del tiempo, ver dinámicas, cambios y permanencias. Córdoba realmente es una joya a nivel archivístico cuando hablamos de los periodos colonial y de la independencia”.
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